Aunque suele percibirse como un hábito básico, la higiene de manos continúa siendo una de las medidas más eficaces para prevenir enfermedades respiratorias y gastrointestinales, tanto en el hogar como en espacios públicos, centros de trabajo y servicios de salud.
Especialistas insisten en que mantener una adecuada limpieza de manos puede marcar una diferencia importante en la reducción de contagios, especialmente en épocas de alta circulación de virus y en entornos de contacto frecuente con superficies compartidas.
Las manos están constantemente expuestas a microorganismos. Diversos estudios señalan que en un centímetro cuadrado de piel pueden acumularse hasta 1.500 bacterias cuando no existe una limpieza adecuada. A esto se suma que las personas suelen tocarse el rostro repetidamente durante el día, facilitando el ingreso de virus y bacterias por ojos, nariz y boca.
“Hablar de higiene de manos no es exagerar una práctica cotidiana. Es una acción simple que tiene un impacto directo en la salud pública y en la prevención de enfermedades transmisibles”, explica Alejandro Fernández, director comercial para Latinoamérica de Kimberly-Clark.
Un hábito simple con impacto comprobado. Organismos internacionales como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han documentado que una correcta higiene de manos puede reducir significativamente distintas infecciones comunes.
La evidencia muestra que este hábito ayuda a disminuir enfermedades gastrointestinales, infecciones respiratorias y cuadros diarreicos, además de contribuir a reducir la transmisión de enfermedades altamente contagiosas.
Su impacto va más allá de la salud individual. La prevención mediante el lavado de manos también ayuda a disminuir consultas médicas, hospitalizaciones y la presión sobre los sistemas sanitarios.
En distintos países de la región, autoridades de salud han reiterado que esta práctica continúa siendo una herramienta clave para proteger a poblaciones vulnerables, como adultos mayores, pacientes hospitalizados y personas con enfermedades crónicas.
Por ello, los especialistas recomiendan reforzar el lavado de manos en momentos críticos del día: antes de preparar o consumir alimentos, después de ir al baño, al regresar de la calle, tras utilizar transporte público, luego de toser o estornudar y antes de tocarse el rostro.
El problema no es solo lavarse, sino hacerlo correctamente
Uno de los principales desafíos sigue siendo la calidad de la técnica utilizada. Expertos señalan que muchas personas realizan un lavado rápido o incompleto, omitiendo zonas importantes como el dorso de las manos, los espacios entre los dedos o debajo de las uñas.
Para que el proceso sea efectivo, se recomienda utilizar suficiente jabón y frotar todas las superficies de las manos durante al menos 20 segundos antes de enjuagar.
Sin embargo, investigaciones del American Journal of Infection Control indican que pocas personas cumplen realmente con ese tiempo recomendado. En promedio, el lavado suele durar apenas siete segundos, reduciendo considerablemente su capacidad para eliminar microorganismos.
El secado también forma parte de la higiene. Especialistas advierten que el proceso no termina al enjuagarse las manos. El secado adecuado cumple una función clave para evitar la recontaminación.
“El secado es parte integral de la higiene de manos. Si las manos permanecen húmedas o se secan en superficies contaminadas, el riesgo de transferencia de bacterias sigue presente”, añade Fernández.
Algunas investigaciones publicadas en el Journal of Hospital Infection también han señalado que ciertos secadores de aire pueden dispersar microorganismos en el ambiente, mientras que las toallas de papel ayudan a reducir la dispersión y el contacto con superficies contaminadas.
Un hábito que no debe relajarse. A varios años de la pandemia por COVID-19, especialistas consideran que persisten vacíos importantes en la frecuencia y calidad del lavado de manos.
Reforzar este hábito continúa siendo una de las formas más accesibles y efectivas de reducir la circulación de enfermedades infecciosas y promover entornos más seguros.
En un contexto donde los sistemas de salud siguen enfrentando presión por enfermedades respiratorias y gastrointestinales, mantener prácticas básicas como el correcto lavado y secado de manos sigue siendo una medida preventiva fundamental.